La sustitución de especies es un problema global, se trata de vender una especie bajo el nombre de otra.

¿Te imaginas ir a tu restaurante favorito, pedir un ceviche y que te sirvan el plato con un pescado diferente al que realmente ordenaste? ¿Pagarías demás?  Suena raro, pero no lo es. La sustitución de especies es un problema mundial, pero no es ajeno al Perú. Según la revista Time, basada en un reporte global de Oceana, la situación se encuentra fuera de control desde hace algunos años. En nuestro país se vive un escenario similar.

 

¿Gato por liebre en las costas peruanas?

En el Perú una especie puede tener hasta cinco nombres, se usan nombres comunes como atún o mero para nombrar a especies similares o se mezclan nombres. Pero también se reemplazan pescados de alta demanda por otros de menor costo. En otras palabras, nos venden “gato por liebre”.

Por ejemplo, se suelen vender varias especies de tiburones como el martillo, el diamante y el azul bajo el nombre de tollo, y la población que compra no lo sabe, tampoco que el tollo es un pequeño tiburón.  También se suele mezclar nombres como por ejemplo “tollo diamante” para ofertar al tiburón diamante.

 Saber si esto se dio por incentivos económicos o desconocimiento y quién es el responsable es difícil de detectar. Hay una delgada línea entre el error en los nombres, lo que llamamos mal etiquetado, y una potencial estafa, cuando es evidente la diferencia física entre dos especies.

Esto se agrava porque la cadena de comercialización de pescados en el Perú tiene muchos intermediarios y hay un vacío de información, ya que en el país no hay forma de seguir la ruta de comercialización del pescado del mar a la mesa. Esto se conoce como trazabilidad, es decir, un sistema en el que se registre detalles como el nombre de la especie y el lugar dónde se pescó.

Las consecuencias

Este problema genera a la fecha muchas consecuencias en nuestro país. Algunas de ellas, las principales, están relacionadas al daño a nuestra economía, al posible riesgo que representa en la salud pública nacional y a la presión ejercida hacia al ecosistema marino. 

La economía se ve afectada porque estas prácticas fraudulentas afectan a pescadores que trabajan legalmente, etiquetando y dando conocer la procedencia de los pescados. Pero no solo ellos se ven perjudicados, si no también, el sector gastronómico y los supermercados. Sin duda, la sustitución de especies crea un mercado injusto y perverso que puede facilitar la entrada de pesca ilegal.

¿Realmente es un problema para la salud?

Cuando una persona no conoce lo que realmente está consumiendo, porque no le proporcionaron la información necesaria pese a ser su derecho, corre el riesgo de exponerse a parásitos, propios de algunas especies, o tal vez contaminantes como pesticidas u otras sustancias tóxicas. Sin embargo, hasta el momento, una investigación realizada por la Universidad San Marcos considera que la presencia de parásitos en ciertas especies no representa un importante daño en la salud pública.

Finalmente, el problema de la sustitución de especies incentiva la sobrepesca, camuflándose como pesca ilegal, situación que contrarresta los esfuerzos por el adecuado manejo de especies para recuperar poblaciones de especies amenazadas o con cierto grado de vulnerabilidad.

¿Qué hacemos para empezar a solucionar la situación?

Una de las principales medidas de acción para frenar el problema de la sustitución de especies es impulsar la creación de una lista de especies comerciales en el litoral peruano.

El sector empresarial y los consumidores informados son claves en el proceso de mejora. Los primeros, deben exigir a sus proveedores que se les informe sobre las especies que están vendiendo. Asimismo, todos podemos emplear plataformas públicas como las de SANIPES, el Organismo Nacional de Sanidad Pesquera, así como “A comer pescado”, ambas iniciativas del Ministerio de la Producción.

Estas instituciones e iniciativas ciudadanas como “El Tamaño Si Importa” brindan información sobre tallas mínimas, vedas, etc. Igual de importante es conversar con tu proveedor de pescado para exigirle saber qué especie vende, pero, sobre todo, tomar una actitud crítica cuando te venden un pescado más barato de lo usual.