Por Andy Sharpless, CEO de Oceana*

Al evocar los océanos puede resultar inusual hablar de comida. En realidad, nuestros océanos son únicos: son el lugar donde dos imperativos tan contradictorios como proteger nuestro ecosistema y alimentar a las personas, pueden coexistir. Las mismas acciones que tomamos para ayudar a recuperar unos océanos sanos y vibrantes, ayudan también a que las poblaciones de peces prosperen, proveyendo de alimento para cientos de millones de personas. 

Esta emocionante característica de nuestros mares es especialmente importante. Se prevé que la población mundial aumente a más de 2 mil millones de personas para 2050. Esto es el equivalente a añadir otra China o India al conteo global que ya incluye a 795 millones de personas sin suficiente comida para alimentarse. Las Naciones Unidas ha dicho que la producción de alimentos deberá incrementarse en 70% para  mantener el ritmo de crecimiento poblacional. Un océano abundante jamás ha sido tan vital.

Desafortunadamente, debido a la sobrepesca, capturamos menos de lo que pescábamos en el pasado, como demuestran los reportes científicos. La captura global alcanzó su pico en 1996 y ha disminuido desde entonces. Este declive es un problema porque la pesca ya es una fuente vital de proteínas en el mundo, constituyendo el 8% de la proteína animal consumida por los humanos. Esto es el equivalente a la cantidad de huevos consumidos alrededor del mundo.

La captura y crianza de peces provee de un ingreso fundamental para 660 a 820 millones de personas - cabezas de familia que pescan, trabajan y procesan o venden los recursos marinos, y las familias que ellos sostienen. Hoy en día, alrededor de 460 millones de personas pasan hambre y 1.7 mil millones viven en la pobreza en la mayoría de naciones pesqueras. Para ponerlo simple, más peces en los océanos significa más comida y trabajo para muchos seres humanos que viven al borde de la pobreza.

Por ende,  el consumo de pescado también es bueno para nuestra salud y la del planeta. Los estudios han descubierto que cambiar de una dieta rica en carnes rojas a una basada en recursos marinos reduce el riesgo de enfermedades cardíacas, cáncer y obesidad. Más aún, las pesquerías producen modestas cantidades de gases de efecto invernadero y requieren menor cantidad de agua o tierras arables, en comparación la agricultura basada en el cultivo de tierras.

Por todas estas razones y muchas más, el pescado es la proteína perfecta. Es la respuesta a cómo alimentamos a un planeta hambriento. Y nosotros podemos hacer más para revertir el declive en las pesquerías mundiales. Tenemos la habilidad de superar el pico de capturas de peces a un nuevo nivel, ayudando a alimentar a más gente mientras protegemos la biodiversidad de los océanos.

Por fortuna, al contrario de los bosques y glaciares, los estudios han demostrado que las poblaciones de peces pueden recuperarse rápidamente cuando se interviene con un manejo basado en la ciencia. Muchas especies de peces desovan en grandes números, permitiendo que se recuperen en pocos años cuando las pesquerías son manejadas apropiadamente. Los Estados Unidos ha sido un líder global en manejo pesquero basado en la ciencia, y nuestra experiencia es instructiva. En el 2000, 38% de los stocks de EEUU estaban sobreexplotados. Una enmienda a la Ley Magunson-Stevens realizada en el 2006 ayudó a establecer límites de capturas basándose en la ciencia, los cuales prevendrían a los pesqueros de extraer más peces de los que la población podría permitirse perder. Durante el último año solo el 16% de las pesquerías eran consideradas sobreexplotadas. Mientras aún hay trabajo por hacer, está claro que Estados Unidos ya empezó introduciendo tres principios que pueden ayudar a las poblaciones de peces a recuperarse y perdurar: introducir límites de captura basados en la ciencia, proteger hábitats clave y reducir la pesca incidental.

Si abrazamos estos principios al rededor del mundo, el potencial quita el aliento. Se estima que reflotar los stocks mundiales y manejarlos de forma racional pueden resultar en una captura de 100 millones de toneladas métricas cada año -suficientes para alimentar a 1.1 mil millones de personas con una comida nutritiva cada día.  La promulgación de políticas para que esto suceda no requiere el nivel de coordinación global que tal vez supondríamos. Solo 29 países y la Unión Europea controlan el 90% de las capturas a nivel global. Si establecemos medidas de manejo basadas en la ciencia en estos países, podemos incrementar la pesca mundial de forma significativa, brindando más de 250 millones de comidas extra que las tendencias mundiales actuales permitirían.

Al mismo tiempo, estas políticas pueden ayudar a asegurar que los ecosistemas marinos sean más biodiversos y resilentes. Preservar el medio ambiente y alimentar al mundo puede y debe coexistir en nuestros océanos.

Te invito a pensar de forma diferente sobre nuestros océanos. Llenos de una belleza natural,  vibrante y llena de vida, los mares son también grandes motores económicos y una fuente de alimento para nuestras futuras generaciones. Con las políticas correctas en juego, podemos salvar los océanos y alimentar al mundo.

*Ver original publicado en inglés en Huffington Post por el Día Mundial de los Océanos 2016

A continuación:

Descubre los secretos de los tiburones en exposición de fotografía submarina

Leer el artículo siguiente