La pesca de tiburones es una práctica común en muchas partes del mundo, y no es dañina siempre y cuando sea regulada y se establezcan límites a través de un plan de manejo pesquero. Sin embargo,  como ya vimos antes en un artículo sobre el aleteo, hay una demanda fuerte (y lucrativa) delas aletas de estos animales, en especial en países asiáticos, que ha incentivado la sobrepesca del tiburón

Muchas embarcaciones de diversas nacionales o sin bandera incurren en prácticas ilegales como invadir el dominio marítimo de otros países sin permiso para capturar este y otros recursos, sobrepasar el límite de pesca incidental de tiburones, capturar especies protegidas a nivel internacional o pescar tiburones en Áreas Marinas Protegidas.

De hecho, para más información nos podemos remitir a un informe de Oceana presentado en la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico (ICCAT, en sus siglas en inglés) en el 2013, el cual que advierte que 24 países de todo el mundo podrían estar pescando tiburones en el Atlántico y el Mediterráneo sin declarar las capturas. En otras palabras, pesca ilegal.

El documento, elaborado por la organización de protección de los océanos Oceana, se fundamenta en datos del mercado de aletas de tiburón de Hong Kong, el principal comprador de este producto.

Es por ello que organizaciones como la ONG The Pew Charitable Trust han hecho un llamado a la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre (la Cites) para que tome más medidas contra la comercialización de las aletas de tiburón, lo cual menguaría la amenaza contra esta especie.

La estrategia de la ilegalidad

Oceana diferencia entre dos tipos de países que no declaran sus capturas: los que usaron palangreros (embarcaciones utilizadas habitualmente para la pesca de tiburones) autorizados por ICCAT, y los que lo hicieron sin tener una flota de palangre autorizada.

La lista de Estados de este segundo grupo la encabeza Guinea, con casi 50 toneladas de aleta seca y congelada de tiburón sin declarar vendidas en Hong Kong durante 2012. Le siguen en esta nefasta lista Mauritania y Filipinas, integrada también por países latinoamericanos, como Panamá, Guatemala, Colombia y Nicaragua.

Pero también hay países que no declararon sus capturas pero sí tienen una flota de palangre autorizada. Italia encabeza este grupo, con más de siete toneladas de aletas, seguida a mucha distancia de Grecia y de Túnez, con cifras inferiores a una tonelada.

Casos puntuales

“Muchos gobiernos son conscientes de esta situación y han emprendido legislaciones para combatir este flagelo. Por ejemplo, el gobierno chileno endureció las multas y sanciones para las embarcaciones descubiertas practicando el aleteo, práctica que es ilegal en el vecino país desde el 2011.

 A partir de ese año, se impuso fuertes multas -que van entre las 50 y 500 UTM (unidad tributaria mensual), es decir, un máximo de 22 millones 700 mil pesos- para quienes infrinjan la ley, según un artículo del diario La Tercera. La iniciativa tuvo sus frutos, al punto que en todo el 2015 y en parte del 2016 las autoridades no detectaron casos de aleteo en las aguas chilenas

Otro caso a tomar en cuenta es el ecuatoriano, que tiene dentro de su territorio la Reserva Marina de Galápagos, considerada una de las áreas marinas protegidas más grandes del mundo. Un caso emblemático es la sentencia de prisión contra el capitán del navío Fer Mary I, en el que las autoridades encontraron 379 tiburones muertos.

Nuestro país no se ha quedado atrás y desde fines del año pasado está fiscalizando el aleteo en nuestras costas, prohibiendo el desembarque de aletas sueltas de tiburón. La norma exige a los pescadores desembarcar los tiburones pescados “con la presencia de la cabeza y todas sus aletas, total o parcialmente adheridas a su cuerpo en forma natural”.

El bycatch, el otro flagelo

Pero el aleteo no es la única amenaza contra los tiburones. Otra causa de bajas en la población de los escualos es la pesca incidental de tiburones en algunas pesquerías, como la del pez espada, en donde de cada diez ejemplares capturados cinco son tiburones, alerta La Tercera.

Bajo el pretexto del bycatch (término anglosajón para describir la pesca incidental), muchos pescadores buscan la impunidad, pero en el fondo alimentan una merma de la población de tiburones a nivel mundial. De hecho, muchas publicaciones denuncian que estos animales muertos terminan siendo vendidos, así que finalmente estos pescadores tienen una ganancia.

En menor medida, pero presente entre las causas de pesca ilegal, tenemos la preocupación del hombre por su seguridad en el mar. El ser humano ha desarrollado un temor innato hacia estos animales, lo que los está llevando a matarlos para desaparecerlos de lugares cercanos a poblaciones.

Pero también entre los pescadores hay una creciente tendencia a acabar con los tiburones debido a que creen que su ausencia permitirá el crecimiento de la población de peces. Así, consideran a los tiburones la causa de que no puedan tener faenas más productivas, lo que los lleva a matarlos por el mero hecho de ser su ‘competencia’, si cabe la expresión.

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