La naturaleza no necesita efectos especiales ni realidad aumentada, con paciencia y cautela podemos contemplar ballenas jorobadas en el mar de Piura y Tumbes. 

Texto y fotos Michael Tweddle, fotógrafo conservacionista & vida silvestre

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Experiencia inolvidable. Uno de los espectáculos más emocionantes es la migración de las ballenas jorobadas. Contemplar a uno de los mamíferos más grandes del planeta al surcar el océano, escuchar y ver el resoplido del agua al respirar, y observar esa imponente cola segundos antes de sumergirse, es un privilegio. Existen más de 80 especies de cetáceos, un grupo que incluye ballenas, delfines y marsopas. Algunos surcan los océanos de polo a polo, mientras que otros se mantienen en ciertas zonas; la mayoría solo vive en mares, otros pocos en ríos y lagos, algunos en ambos. 

 

Trotamundos. Entre julio y octubre, las ballenas jorobadas migran de regreso a la Antártida, dónde están sus zonas de alimentación, basada en krill y peces. Las que se dirigen al hemisferio sur recorren distancias de hasta 8000 kilómetros. Es en esta etapa en la que podemos ver a los animales dando saltos y nadando, tambièn a las crìas junto a sus enormes madres. 

Un ballenato en el Mar Pacífico Tropical del Perú. En las costas de Piura y Tumbes, las podemos observar en su ruta de regreso al sur después de un largo recorrido en busca de aguas más cálidas para reproducirse y dar a luz a sus crías, los ballenatos, los cuales pueden medir cuatro metros y pesar hasta una tonelada.

Acróbatas marinas. Madres y crías nandan juntas, mientras que los machos realizan acrobacias, grandes saltos fuera del agua que pueden alcanzar unos 20 metros, también despliegan sus largas aletas pectorales, de cinco metros cada una; al competir entre sí como parte del ritual de cortejo.  Cómo en todas las ballenas, los machos usan los cantos para comunicarse, tienen las secuencias sonoras más largas del mundo animal: cada una dura hasta 30 minutos y la oyen otras ballenas a kilómetros de distancia.

Monumental. Las ballenas jorobadas pueden medir hasta 17 metros y pesar casi 40 toneladas. La temporada de avistamiento de ballenas empieza a mediados de julio y termina a fines de octubre, las fechas varìan cada año de acuerdo al ciclo de migraciòn de las ballenas. Para verlas, hay que tener cautela y cierta distancia.

En peligro. A pesar de las muchas regulaciones, que incluye una moratoria mundial a la caza de ballenas dada en 1986; muchas especies de cetáceos continúan siendo amenazadas, y algunas están al borde de la extinción por la caza ilegal, pesca incidental y contaminación ambiental. Hoy casi todas las grandes ballenas están en niveles muy bajos como resultado de siglos de caza.

Valen más vivas que muertas. La observación de la naturaleza es una actividad de esparcimiento, con creciente popularidad y valor comercial; factura millones de dólares al año en todo el mundo. El avistamiento responsable de ballenas, delfines y vida marina es sostenible y amigable con el medio ambiente. Económicamente es el mejor uso hacia los mamíferos marinos en este siglo. En el Perú, la observación de ballenas se desarrolla de manera sostenible desde hace 10 años en colaboración  con estudios científicos, ecoturismo, hostelería y comunidades pesqueras.