El Perú posee el 20 % de las especies de aves que existen en el mundo. Entre ellas, tenemos al zarcillo, que destaca por sus largas plumas blancas rizadas, que simulan bigotes.

Por Michael Tweddle, fotógrafo conservacionista y de vida silvestre

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“Estamos atados al océano. Y cuando volvamos al mar, ya sea para navegar o para observarlo, volveremos de dónde venimos.” Estas palabras de John F. Kennedy evocan en mi memoria al recorrer los 3080 km de litoral peruano bañado por el Océano Pacífico, el más rico del mundo. En esta aventura, descubro la riqueza natural sin igual distribuida en una caprichosa geografía amoldada durante miles de años por la suma de factores climáticos y geológicos.

Con gran orgullo podemos afirmar que estamos en uno de los países con mayor megadiversidad del planeta. Al visitar cualquier playa o caleta de pescadores, estas no serían reales si no fuese por el activo movimiento de las olas y el grácil volar de las aves marinas que alegran y pintan el paisaje con sus estilizadas figuras.

El Perú es uno de los tres países con mayor diversidad de aves en el planeta tierra, donde convergen más de 1850 especies, de las cuales más de 100 son endémicas (es decir, no existen en otra parte del planeta) y un buen número sufren de algún tipo de amenaza. Esto nos deja con el 20 % de las especies de aves que habitan en el mundo, convirtiéndonos en el mejor lugar para su estudio y observación, también conocido como birdwatching. Como cazador de imágenes, cada vez que me encuentro con el mar, el instinto me lleva a buscar formas de vida para perpetuarlas en una imagen artística y educativa. Siempre habrá especies que atraigan más que otras, sin ser mejores o más importantes; se trata simplemente del color o la gracia que te jala el ojo.

Sin duda, el Gaviotín Zarcillo (Larosterna inca) es una de las aves residentes con mayor gracia y decoro, que sobresale al contemplarlas volar por las caletas de pescadores o posadas en muelles, peñas o acantilados rocosos. Machos y hembras destacan su pico de color rojo intenso con una pequeña base amarillenta y unas caprichosas plumas blancas rizadas, cual elegantes bigotes que contrastan sobre el gris oscuro de su plumaje corporal. Este es un atractivo que los juveniles no poseen al ser principalmente de un marrón apagado.

El zarcillo mide aproximadamente 42 cm y se puede apreciar generalmente cuando vuela en pequeños grupos o grandes bandadas sobre el mar cerca de la costa donde se zambulle en busca de bancos de pequeños peces de superficie.

Anida en grietas y hendiduras naturales en acantilados rocosos o en islas costeras. Si bien es una especie adaptada a reproducirse todo el año, la mayor actividad se realiza entre abril y mayo, así como octubre y noviembre, períodos en los cuales incuban dos huevos. El zarcillo es la única especie del género Larosterna y está asociada a la corriente fría del Humboldt, habitando en las costas del Perú hacia el norte hasta el departamento de Piura y hacia el sur al norte de Chile.

Si bien es una especie protegida por el estado en la Reserva Nacional Sistema de Islas, Islotes y Puntas Guaneras distribuidas en toda la costa peruana, y en la Reserva Nacional de Paracas; su mayor amenaza es la destrucción de su hábitat, la contaminación del mar y la sobreexplotación de la anchoveta, su principal alimento. Esto, sumado a factores climatológicos, como el fenómeno de “El Niño” deteriora aún más su situación alimenticia y reproductiva. Por ello, se encuentra catalogada como especie vulnerable y casi amenazada en la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés).

La observación responsable de aves y fauna marina es lo más sostenible y respetuoso con el medio ambiente marino. Día a día, la vida silvestre en su hábitat natural es observada cada vez más por esparcimiento siendo mucho más valoradas vivas que muertas. Al ser principalmente una actividad comercial, se estima que factura millones al año en todo el mundo en favor del ecoturismo en comunidades locales.