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septiembre 28, 2022

Las manchas que quedan dentro y fuera del mar

BY: Oceana

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Han pasado ocho meses del derrame de Repsol en Ventanilla y se ha manchado mucho más que el mar. La incapacidad y la indiferencia de la compañía petrolera española y el gobierno peruano han esparcido la mancha hasta la vida de miles de personas afectadas que vivían de la pesca y el turismo, y que aún exigen una reparación, pero lo único que reciben son comunicados web desesperanzadores.

La madrugada del 15 de enero del 2022, los pescadores artesanales de Ventanilla, Santa Rosa, Ancón, entre otros distritos, comenzaban su última jornada tranquila. A pocos kilómetros de ahí, mar adentro, la estructura que transportaba el crudo del buque petrolero Mare Doricum al terminal de la refinería La Pampilla se rompía, derramando los 11,900 barriles de crudo de petróleo que terminarían por, uno: arruinar ecosistemas de la Zona Reservada de Ancón y parte de la Reserva Nacional del Sistema de Islas, Islotes y Puntas Guaneras; dos: perjudicar directamente a más de 10 mil personas; y tres: poner en evidencia la incapacidad del gobierno peruano para afrontar una emergencia ambiental.

La tragedia de los pescadores

Germán Melchor es presidente de la Asociación de Pescadores de Pasamayo, una de las zonas a las que Repsol y el Estado han preferido no mirar. El dirigente contó en Mongabay que “Repsol les informó el 17 de mayo que no iba a limpiar Pasamayo debido a que es un lugar de acantilados abruptos y de difícil acceso. La otra vez un compañero se fue a poner redes de fondo y la red salió con petróleo”.

En uno de los testimonios de Melchor, se hace notar que la salud mental y emocional de los pescadores también se ha visto afectada. “Un compañero pescador que tiene sesenta y tantos años está deprimido. Me llamó el otro día para decirme que no podía asistir a una reunión por motivos económicos y se puso a llorar. Ya va a pasar, le dije”.

Pero a ocho meses del desastre la mancha sigue allí. Santiago de la Puente, biólogo marino especializado en pesquería, clava el anzuelo en la boca del problema: “Lo que los pescadores siempre se han preguntado es cómo esos señores de terno en el poder, que nunca se han mojado los pies como ellos, van a poder entenderlos”.

Esto se confirmó cuatro días después del derrame, cuando Tine Van Den Wall Bake, gerenta de comunicaciones y relaciones institucionales de Repsol Perú, dio en RPP el titular que indignó a un país: “Nosotros no somos responsables del derrame”.

Repsol dice que limpió

La página web de Repsol es un mar de comunicados de noticias positivas y lavadas de manos, a pesar de que el último informe del Ministerio del Ambiente y el OEFA concluye que, de 97 sitios identificados, aún existen 46 playas y 23 puntas y acantilados afectados con hidrocarburos.

El 13 de abril la compañía española anunció la culminación de las acciones de primera respuesta en las áreas identificadas como impactadas por el derrame. Sin embargo, un mes después, la Dirección General de Capitanías y Guardacostas (Dicapi) informó la presencia de restos de hidrocarburos en las zonas rocosas de las playas San Gaspar, Infantería de Marina, los balnearios de la Fuerza Aérea del Perú y de la Marina, y Playa Chica. Earth Right International estimaba que la extensión del área afectada en franja de playa y litoral era de 1.800.490 m²; y en el mar 7.139.571 m² aproximadamente. Y la ONU publicó un informe advirtiendo que el derrame afectaría a la costa peruana durante los siguientes seis años. Es decir, los efectos del derrame de Repsol continuarán hasta el 2028.

Lavándose las manos en un mar de comunicados

El 22 de setiembre, Repsol anunció la firma de acuerdos de compensación con más de 2,000 familias de las 10,300 afectadas, según el Ministerio del Medio Ambiente.

Casi al mismo tiempo, otro comunicado web decía: “Tal como lo anunció la Presidencia del Consejo de Ministros, el padrón único de afectados está completado y culminado. La Refinería La Pampilla no ha hecho ni hace el proceso de registro del padrón”. Y líneas más abajo un correo para inquietudes. Lo que inquieta de estos dos comunicados es lo que delata: que al parecer la PCM ha cerrado el padrón, pero ha dejado a muchos afectados fuera de este. Y aún no ha dado una respuesta al respecto.

El gobierno de espaldas al mar

A ocho meses del desastre, el gobierno ha mostrado una manera de trabajar desarticulada y desordenada frente a la emergencia, agravada por la crisis política que se vive actualmente.

Un informe de CoperAcción recuerda que ocho días después de ocurrido el derrame, no era posible acceder al plan de contingencia a través de algún portal del Estado. Incluso la Presidenta del Consejo de Ministros, Mirtha Vásquez, puso en duda que existiera uno. Esto generó desconcierto, pues sin un plan de contingencia, nadie sabe qué hacer en una emergencia y la autoridad no sabe qué comportamiento exigirle”.

Mientras tanto, los pescadores y los protagonistas afectados de la cadena de actividad pesquera esperaban una respuesta contundente que los ayude a recuperar el equilibrio económico y moral del desastre ocasionado por Repsol.

En un artículo de Fátima Contreras, del Programa de Política y Gobernanza Ambiental de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental, dice que las entregas de dádivas del Estado “son medidas inmediatas que no solucionan nada a mediano y largo plazo. Además, incluso la contratación de pescadores para acciones de limpieza podría ocasionar perjuicios en la salud, ya que esta tarea debe realizarse por personal con indumentaria especializada y manejo adecuado de equipos de limpieza”.

El biólogo marino Santiago De la Puente recuerda el testimonio de uno de los pescadores afectados por el derrame: “Este pescador no dejaba de decir que le habían quitado la libertad. Para esas personas, incluidos sus hijos y su comunidad, el mar ya no es quién provee, sino el conductor de una tragedia que afecta a su familia”.