Sostenibilidad de la pota - Oceana Peru

Sostenibilidad de la pota

LA PESQUERÍA ARTESANAL MÁS IMPORTANTE DEL PERÚ

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La pota no solo es el cefalópodo más abundante de nuestras aguas. También impulsa una cadena económica que involucra a miles de pescadores, operarios en muelles y plantas, transportistas, comerciantes y exportadores en todo el litoral.

 

Sostenibilidad de la pota
Desembarque de pesquería de pota | Crédito: Sebastián Castañeda

La pota (Dosidicus gigas) es uno de los cefalópodos más grandes y abundantes del mundo. Según el Imarpe, puede superar el metro de largo y pesar más de 50 kilos. Habita exclusivamente en el Océano Pacífico oriental y lleva una vida intensa, aunque corta.

Durante el día se oculta en las profundidades, entre 400 y 1,000 metros, y por la noche asciende en busca de alimento. Es ahí cuando entra en escena la pesca artesanal. Atraída por la luz, la pota sube a la superficie y es capturada una a una con señuelos que simulan pequeños peces. A esta técnica se le conoce como muestra potera.

Su ciclo de vida es corto. La mayoría vive alrededor de un año y muere después de reproducirse. Sin embargo, su alta capacidad reproductiva la convierte en una especie resiliente, capaz de adaptarse con rapidez a los cambios en el océano. Esa adaptabilidad también se refleja en su tamaño: es un recurso muy sensible a las condiciones oceanográficas. En Chile, por ejemplo, se encuentran ejemplares más grandes; en Ecuador, más pequeños. Pero todas pertenecen a la misma población.

El calamar gigante también cumple un doble papel en el ecosistema marino. Es un gran depredador, pero también una presa importante. Se alimenta de peces pelágicos, zooplancton y, en ocasiones, incluso de otros calamares. Sí, el canibalismo es una de sus características. A su vez, forma parte esencial de la dieta de animales como el perico, el cachalote y algunos tiburones. Su presencia y comportamiento ayudan a mantener el equilibrio de muchas otras formas de vida marina.

Una pesquería que alimenta y da empleo

La pota que vemos en un ceviche servido en el restaurante local o en un plato de bocadillo de calamares, a miles de kilómetros, en Madrid comienza su recorrido en las caletas distribuidas a lo largo del litoral peruano. En puertos como Paita, Talara, Pucusana, Matarani o Ilo, miles de pescadores artesanales se embarcan cuando el cielo aún está oscuro, listos para una jornada exigente en altamar.

Gran parte de la producción nacional de pota se exporta principalmente en diversas presentaciones congeladas como cabeza, aletas, manto y tentáculos, así como en menor medida en conservas. También se exporta harina de pota. De enero a mayo de este año, las exportaciones de pota sumaron US $358 millones. China, España, Corea del Sur, Tailandia y Japón fueron los principales destinos, aunque el producto peruano llegó a más de 50 países.

En los mercados de Perú se puede encontrar la pota ya limpia y trozada, lista para cocinar. En el extranjero, se utiliza en calamares fritos, típicos en España y Estados Unidos, y también forma parte de conservas en mercados asiáticos, donde se emplea como sustituto del abalón en productos gourmet elaborados con pasta de pota.

¿Qué está poniendo en riesgo a este valioso recurso pesquero?

Los especialistas coinciden en que la sostenibilidad de la pota a largo plazo depende de decisiones urgentes. Uno de los principales desafíos del Perú es controlar su esfuerzo pesquero. “Se siguen reportando construcciones de embarcaciones ilegales, incluso con artes de pesca no permitidas. Hay flotas que no están registradas o que operan fuera de la norma”, advierte Renato Gozzer, ingeniero pesquero y representante de CALAMASUR. Este panorama se complica aún más con la presencia estacional de flotas extranjeras en el límite de nuestras 200 millas, lo cual genera una competencia desleal con los pescadores artesanales.

 

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¿Cuál es el estado de conservación de la pota?

Hace un año se celebró la aprobación del nuevo reglamento de ordenamiento pesquero de la pota. Este responde a una demanda de los actores del sector y trajo medidas importantes como definir el acceso exclusivo para la flota artesanal y a la línea potera como único arte de pesca permitido para extraer este recurso. Sin embargo, los avances hacia un ordenamiento efectivo de esta pesquería son aún lentos.

Si bien es cierto, se ha ampliado la cobertura del sistema satelital en la flota potera de mayor tamaño, para un manejo más ordenado, que aporte predictibilidad y permita a los actores del sector tomar decisiones económicamente razonables, si se quiere evitar una crisis en la pesquería es necesario:

  • Que el Instituto del Mar del Perú – IMARPE elabore un protocolo claro para el cálculo de las cuotas de captura, basado en la mejor ciencia disponible. No es conveniente que, para una pesquería de la importancia de la pota, se continúe recurriendo a evaluaciones rápidas o monitoreos aislados para justificar una cuota de pesca, sin una línea argumental explícita que transparente cómo se determina la misma.
  • Seguir afinando las reglas que regulan el esfuerzo pesquero durante la temporada de pesca. Esto incluye, por ejemplo, límites en el número de faenas de pesca o en los volúmenes de acarreo por embarcación, de manera proporcional a su capacidad de bodega. Algunas de estas medidas se ensayaron en el último trimestre del año pasado; sin embargo, resulta fundamental evaluar tanto su efectividad como su aceptación social.
  • Es pertinente considerar el establecimiento de cuotas diferenciadas por región latitudinal o, alternativamente, la restricción del acceso de determinadas flotas a zonas específicas del territorio. Este tipo de esquemas ya se aplica en pesquerías como la del perico y la anchoveta, y responde también a la necesidad de facilitar el acceso al recurso por parte de embarcaciones de menor capacidad y autonomía.

 

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