septiembre 15, 2026
¿Qué es una veda y por qué es importante cumplirla?
BY: Oceana
Topics: Protejamos las cinco millas
Las vedas buscan proteger a las especies en momentos clave de su ciclo de vida y pueden cambiar según el recurso, la zona o las condiciones del mar. Su efectividad, sin embargo, también depende del monitoreo, la fiscalización y de contar con información suficiente para aplicarlas a tiempo.
En un restaurante marino, antes incluso de mirar los platos de fondo, alguien pide unos tradicionales choritos a la chalaca para abrir el apetito. Sin embargo, el antojo dura poco. El mozo explica que, por ahora, no están disponibles porque el choro se encuentra en veda. La razón no está en la cocina, sino en el mar, donde la especie atraviesa un momento clave de su ciclo de vida.
Durante este periodo, continuar con su extracción puede afectar su reproducción y reducir la posibilidad de que nuevos ejemplares se incorporen a la población y, con el tiempo, vuelvan también a nuestras mesas.
Esa pausa es lo que conocemos como veda, una de las principales herramientas utilizadas para ordenar la pesca. El Ministerio de la Producción (Produce) la define como una medida de conservación que, dependiendo de cada norma, puede restringir no solo la captura, sino también el desembarque, procesamiento, transporte, almacenamiento y comercialización de un recurso. “La idea principal es proteger al recurso bajo condiciones en las cuales es más vulnerable”, explica Juan Carlos Riveros, director científico de Oceana Perú.
Pero esa vulnerabilidad no siempre ocurre en el mismo momento ni responde a una sola causa. Por ello, las vedas pueden adoptar distintas formas. Algunas duran meses y otras solo unos días, mientras que unas abarcan todo el litoral y otras se limitan a determinadas zonas. En ciertos casos, además, sus fechas pueden modificarse si las condiciones del mar cambian.
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¿Qué busca proteger una veda?
Para entender por qué una veda puede ser importante, hay que mirar lo que ocurre antes de que un pescado o marisco llegue al mercado. Durante la reproducción, muchas especies necesitan completar procesos clave, como la producción de huevos y el desove. Si muchos ejemplares son extraídos antes de que ese proceso termine, no solo disminuye la población actual, sino también la posibilidad de que nazcan nuevos individuos.
Por eso existen vedas reproductivas para distintos recursos pesqueros. No obstante, una especie también puede necesitar protección antes de llegar a la etapa adulta. Ahí entran los juveniles, es decir, los peces y mariscos que todavía no han terminado de crecer ni han tenido oportunidad de reproducirse. Si son capturados demasiado pronto, no llegan a alcanzar el tamaño que tendrían como adultos.
Riveros advierte que esto también puede tener consecuencias económicas. “Estamos perdiendo no solo la posibilidad de que se recupere el stock, sino también el valor económico. En el caso de la anchoveta, por ejemplo, hay una pérdida porque se deja de ganar biomasa y porque el rendimiento en aceite y harina es mucho menor”, explica.
Ese enfoque está recogido en la normativa peruana. El Reglamento de la Ley General de Pesca establece que Produce puede disponer vedas o suspender total o parcialmente la actividad pesquera, previo informe del Instituto del Mar del Perú (Imarpe). Estas medidas pueden aplicarse para proteger el desove, evitar la captura de ejemplares por debajo de las tallas permitidas y preservar la biomasa, entre otros criterios.

¿Qué ejemplos hay de la aplicación de vedas?
El choro es un ejemplo actual de cómo se toma este tipo de decisiones. En julio de este año, el Imarpe encontró que su actividad reproductiva había llegado a 63,3 %, muy cerca del valor crítico de referencia de 63,7 %. Además, en las muestras de Matarani e Ilo se encontró una alta proporción de ejemplares por debajo de la talla mínima permitida.
Con esa información, Produce estableció una veda reproductiva desde el 3 de septiembre hasta el 30 de noviembre en todo el litoral peruano. Durante este periodo están prohibidos la extracción, desembarque, transporte, procesamiento, comercialización y almacenamiento. Sin embargo, un producto obtenido antes del inicio de la veda sí puede continuar circulando si es que existe documentación que acredite cuándo fue extraído.
Ese tipo de medida responde a una necesidad específica, pero no todas las vedas se establecen por la misma razón. El cangrejo del manglar, cuya pesca artesanal se concentra en Tumbes, muestra bien esa diferencia porque tiene dos vedas durante el año. Una va del 15 de enero al 28 de febrero y protege su reproducción. La otra se aplica del 15 de agosto al 30 de septiembre y busca resguardar su periodo de crecimiento y muda, cuando cambia de caparazón y se encuentra especialmente vulnerable.
Asimismo, Produce diferencia, de manera general, entre vedas temporales y espaciales. Dependiendo de la situación, pueden proteger la reproducción, dar tiempo para que los juveniles crezcan, resguardar etapas como la muda o detener temporalmente la pesca en lugares donde el recurso se encuentra más expuesto.

No todas las especies cuentan con el mismo nivel de información
Sin embargo, no todos los recursos pesqueros cuentan con la información necesaria para aplicar este nivel de manejo. Un artículo de Oceana publicado en 2025 señala que, de alrededor de 200 especies comerciales en el Perú, poco más de 20 cuentan con veda.
Riveros explica que una de las principales dificultades es la falta de información, ya que el Imarpe enfrenta limitaciones de personal, recursos, embarcaciones y logística para estudiar con el mismo detalle todo lo que se pesca en el país.
Como resultado, muchas especies no tienen evaluaciones periódicas que permitan saber cómo se encuentran sus poblaciones. En esos casos, el seguimiento depende de otras señales, como el tamaño de los ejemplares que llegan a los desembarcaderos, los muestreos biológicos y la información que genera la propia pesquería.
Esta falta de información puede hacer que una veda se adopte cuando el recurso ya está bastante afectado, en lugar de actuar antes de que llegue a una situación más difícil de revertir. Y contar con datos oportunos se vuelve todavía más importante cuando las condiciones del mar cambian rápidamente.
El Niño también también puede modificar las reglas
Ese es justamente uno de los retos que plantean eventos periódicos como El Niño. Los cambios en la temperatura y otras condiciones del mar pueden modificar la ubicación, abundancia e incluso el comportamiento reproductivo de algunas especies. Para Riveros, en escenarios como este se vuelve todavía más importante contar con información actualizada sobre la condición de los recursos que se están aprovechando.
El perico ofrece un ejemplo reciente de cómo estas variaciones pueden modificar las reglas de pesca. Su temporada regular va del 1 de octubre al 30 de abril, pero en agosto de 2026 Produce autorizó excepcionalmente que la campaña 2026-2027 comenzara el 1 de septiembre. La decisión se sustentó en un informe del Imarpe que advertía que las condiciones asociadas a El Niño podían aumentar la disponibilidad de esta especie en aguas peruanas.
La veda continúa cuando el pescado llega a tierra
Establecer una veda es solo el primer paso. Después hay que asegurar que se cumpla desde la extracción hasta la comercialización. Produce cuenta con una Dirección General de Supervisión, Fiscalización y Sanción y, según el recurso y la medida adoptada, también pueden intervenir los gobiernos regionales, Sanipes y la Dirección General de Capitanías y Guardacostas, cada entidad dentro de sus competencias.
La vigilancia continúa incluso después de que el recurso sale del mar, porque una veda también puede restringir el desembarque, transporte, procesamiento, almacenamiento o venta. Por eso, verificar cuándo y dónde fue extraído permite distinguir un producto obtenido legalmente antes de la prohibición de otro capturado durante la veda y evitar que este último llegue al mercado como si fuera legal.
El último eslabón es el consumidor
Al final de esa cadena vuelve a aparecer la escena del restaurante. Elegir qué consumimos también tiene consecuencias sobre lo que ocurre en el mar. “Tenemos que informarnos y ser conscientes de que nuestras decisiones de consumo también pueden influir en el futuro de las especies que aprovechamos”, señala Juan Carlos Riveros.
Pero esa responsabilidad no recae únicamente en el consumidor. Para saber si un recurso fue extraído legalmente se necesita trazabilidad, fiscalización e información clara sobre qué especies están en veda y durante cuánto tiempo. Es difícil tomar una decisión responsable si no se conoce el origen del producto o si las restricciones no llegan de manera comprensible hasta mercados y restaurantes.
Ahí está, finalmente, el sentido de una veda. Darle tiempo a una especie para crecer, reproducirse o recuperarse antes de volver a pescarla. A veces eso significa que un plato desaparezca por un tiempo de la carta o que una embarcación tenga que esperar antes de salir nuevamente al mar. Esa pausa busca que, cuando la pesca se retome, el recurso siga disponible para el ecosistema y para las personas que dependen de él.

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