El pingüino de Humboldt y su futuro en el Perú corre peligro
Inicio / Blog / Un termómetro natural en peligro: el pingüino de Humboldt y su futuro en el Perú

febrero 3, 2026

Un termómetro natural en peligro: el pingüino de Humboldt y su futuro en el Perú

La disminución de sus colonias, los cambios en su reproducción y las amenazas que enfrenta, muestran los límites del pingüino de Humboldt, una especie que no tiene a dónde desplazarse. Su conservación es clave para evitar una pérdida irreversible en el litoral peruano.

Poco antes del amanecer, en Punta San Juan, frente a la costa de Marcona, la luz comienza a caer sobre una punta guanera de difícil acceso. En las rocas y cavidades que miran al mar se concentran decenas de cabezas negras con rayas blancas encima de sus ojos que permanecen en tierra durante varios minutos. Algunos se agrupan en la orilla, otros ocupan cuevas poco profundas excavadas en el guano. En ese momento del día, el mar todavía no los reclama.

Antes de entrar al agua, varios se detienen a acicalarse. Con movimientos lentos y repetidos, distribuyen con el pico una secreción oleosa que impermeabiliza su plumaje y les permite conservar el calor en aguas frías. Recién entonces comienzan a desplazarse mar adentro. Estas salidas pueden ser breves o extenderse durante horas, según la distancia a la que encuentren su alimento. Cuando está cerca, el regreso ocurre al final del día. Cuando no lo está, el trayecto se alarga, el esfuerzo aumenta y el riesgo se vuelve parte del viaje. No todos vuelven al mismo tiempo. Algunos, simplemente, no vuelven.

Así transcurre una jornada típica del pingüino de Humboldt (Spheniscus humboldti), un ave marina no voladora que habita islas y puntas guaneras del litoral peruano y chileno, muestra una alta fidelidad a sus colonias y cuya presencia, o disminución, dice mucho más de lo que parece sobre el estado del mar que habita.

Pingüino de Humboldt
Pingüinos de Humboldt en las islas Ballestas | Crédito: Shutterstock

Te puede interesar: Conoce a las aves playeras del Perú

Un ave que revela lo que ocurre bajo el agua

El pingüino de Humboldt es una de las especies más representativas de la corriente fría que lleva su nombre. Anida en cuevas, grietas y oquedades naturales, muchas de ellas reutilizadas año tras año, y permanece anclado a territorios específicos. Esa permanencia lo vuelve especialmente sensible a los cambios del ambiente marino y a cualquier alteración de sus zonas de descanso y reproducción. A diferencia de otras aves marinas como piqueros y pelícanos que pueden desplazarse grandes distancias cuando el alimento escasea, el pingüino depende de que los peces estén relativamente cerca de la colonia. Si el mar cambia, tiene pocas alternativas.

Por eso, para la ciencia y la conservación, su valor va mucho más allá de lo simbólico. Como explica Juan Carlos Riveros, director científico de Oceana, “tener pingüinos de Humboldt en un lugar es como tener un termómetro de que algo está bien ahí”. Ese equilibrio, sin embargo, se sostiene sobre una base muy concreta. Cuando el alimento deja de estar al alcance, todo lo demás empieza a desajustarse.

Cuando el mar deja de alcanzar

La anchoveta es el eje de su dieta. Durante la época reproductiva, macho y hembra se turnan, mientras uno permanece en el nido incubando los huevos o cuidando a los pichones, el otro sale al mar en busca de alimento. Ese sistema funciona mientras los viajes no se extienden demasiado. Cuando la búsqueda se prolonga, el relevo se rompe. “Cuando no hay alimento, simplemente abandonan la nidada, los pichones o los huevos, o no se reproducen”, señala Riveros. En esos escenarios, cualquier desajuste pesa más y las colonias empiezan a debilitarse.

Los eventos de El Niño acentúan esa fragilidad. El aumento de la temperatura del mar altera la distribución de los peces y reduce su disponibilidad en la franja costera. Durante el evento de 1997–98, el investigador Carlos Zavalaga documentó en Punta San Juan un colapso reproductivo del pingüino de Humboldt y de otras aves marinas.

Entre finales de 2022 y marzo de 2023, antes de que el Niño 2023–2024 se hiciera sentir con fuerza, una epidemia de gripe aviar recorrió Punta San Juan. Aves marinas y lobos marinos comenzaron a morir en grandes cantidades. Cuando el mar comenzó a calentarse y el alimento empezó a escasear, muchas de esas poblaciones aún no se habían recuperado.

En el día a día, además, persiste una presión más constante y es la competencia por el recurso. Cuando la pesca de anchoveta se intensifica cerca de las colonias, el alimento deja de estar ahí. Un estudio publicado en 2012 lo documentó en piqueros peruanos: cuando la pesca removía el recurso en sus zonas habituales de alimentación, las aves debían volar distancias mucho mayores para poder comer. No es un caso aislado. La misma lógica se repite en otras especies que dependen de un mar cercano.

Pingüino de Humboldt
Pingüinos de Humboldt nadando en las costas de Ica | Crédito: Shutterstock

Redes invisibles, impactos reales

En nuestro país, el pingüino de Humboldt está catalogado como especie en peligro de extinción y figura como Vulnerable en la Lista Roja de la UICN. También está incluido en el Apéndice I de CITES. Su captura, transporte o comercialización están prohibidos por ley. La protección existe en el papel. En el mar, la historia es más compleja.

La captura incidental es una de las amenazas más persistentes. No es una persecución directa. Las redes, invisibles bajo el agua, se convierten en trampas. Cuando los pingüinos las atraviesan, quedan enredados y no logran salir. Para cuando las redes se levantan, el desenlace ya ocurrió. El impacto no se limita al individuo. Como subraya Juan Carlos Riveros: “Un pingüino atrapado en una red no es solo una muerte individual”, advierte Riveros. “Significa también que toda una nidada queda sin cuidado”, alterando el ciclo reproductivo de la colonia.

El guano: refugio y disputa histórica

La vulnerabilidad del pingüino de Humboldt no se explica solo en el mar. En tierra, sus colonias también han estado expuestas a presiones acumuladas. A lo largo del litoral peruano, desde Isla Foca, en Piura, hasta Punta Coles, en Moquegua, la especie anida en islas y puntas guaneras, con colonias importantes en lugares como Punta San Juan, Ballestas y San Fernando. Durante décadas, la extracción intensiva de guano destruyó nidos, huevos y crías, afectando directamente su reproducción.

En los últimos años, ese manejo empezó a modificarse. El trabajo articulado con PROABONOS, el proyecto del Midagri que gestiona el aprovechamiento del guano, para ordenar la extracción aparece como uno de los avances más concretos. Planificar las campañas fuera de la temporada reproductiva, respetar las zonas ocupadas por los pingüinos y contar con observadores independientes permitió reducir impactos que antes eran parte de la rutina. “Eso, hace veinte años, era impensable”, reconoce Juan Carlos Riveros.

Te puede interesar: El mar peruano: uno de los más ricos del mundo

Contar para conservar

A estos esfuerzos se suma una herramienta clave: el monitoreo. Cada verano, cuando mudan el plumaje, los pingüinos de Humboldt permanecen en tierra firme entre dos y tres semanas y no entran al mar. Ese momento, en el que se los ve quietos y concentrados en las colonias, permite contarlos con mayor precisión.

En el Perú, estos censos se realizan entre enero y febrero, con la participación de Serfor, Sernanp, Acorema y equipos de investigación. El último conteo del 2025 estimó una población aproximada de 5400 individuos. Más que una cifra, ese número sirve como referencia para seguir de cerca la evolución de las colonias y anticipar riesgos.

Pingüino de Humboldt
Pingüinos de Humboldt en las islas Ballestas | Crédito: Shutterstock

Qué hacer cuando el termómetro marca alerta

Las señales que entrega el pingüino de Humboldt no son nuevas ni sorpresivas. Desde hace más de una década, la ciencia viene advirtiendo que su supervivencia depende menos de medidas aisladas y más de cómo se ordena el espacio marino que rodea a sus colonias.

Una de las principales recomendaciones que plantea Riveros es crear una especie de zonas de amortiguamiento alrededor de las colonias reproductivas. En esos espacios, la pesca podría reducirse o desplazarse temporalmente durante los momentos más sensibles del ciclo reproductivo. Si el alimento se mantiene cerca, el sistema de turnos funciona y la colonia se sostiene. Si se extrae todo alrededor, el equilibrio se rompe. Riveros recuerda que esta medida ya ha sido planteada por especialistas del IMARPE e investigadores independientes y que no implica cierres permanentes, sino ajustes por algunos meses, enfocados en proteger los periodos clave de reproducción.

Proteger lo que ya existe

Las colonias que aún se mantienen requieren protección sostenida, tanto dentro de las áreas naturales protegidas como en su entorno inmediato. La experiencia de Punta San Juan demuestra que la protección sostenida, control de depredadores, presencia científica permanente y coordinación interinstitucional, sí funciona. No es casual que allí se concentren décadas de información y una de las colonias más importantes del país.

Proteger al pingüino de Humboldt es urgente porque se trata de una especie en peligro de extinción que no tiene a dónde ir. Vive en pocos lugares, vuelve siempre a las mismas colonias y depende de que esos espacios sigan siendo habitables. Cuando los adultos no regresan, cuando los nidos quedan vacíos o cuando una temporada reproductiva se pierde, la población no se recompone fácilmente. Si desaparece, no hay reemplazo posible. Permitirlo implicaría aceptar la pérdida de una de las especies más representativas del mar peruano y asumir que otras podrían seguir el mismo camino.