El Niño Costero 2026: ¿Qué está pasando?
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marzo 12, 2026

El Niño Costero 2026: ¿qué está pasando en el mar peruano y cómo afectará a la pesca?

Desbordamiento de río en Chaclacayo causado por las fuertes lluvias de El Niño, 2017 | Imagen referencial

El Niño Costero ya se manifiesta frente al litoral peruano y, según el ENFEN, podría combinarse con El Niño Global y extenderse hasta noviembre. El calentamiento anómalo del mar empieza a alterar la presencia de especies y exige medidas urgentes de prevención en todo el país.

El Niño Costero suele empezar lejos de la vista. El mar frente a la costa norte del país se calienta de manera anómala, sumado a cambios en los vientos y mayor humedad en la atmósfera, se crean condiciones para lluvias más intensas de lo habitual, crecida de ríos y activación de quebradas. A diferencia del Niño global, que abarca una franja extensa del Pacífico, este fenómeno se concentra principalmente frente a las costas de Perú y Ecuador.

Se trata de un fenómeno poco frecuente, con antecedentes en 1925, 2017 y 2023.  Estos episodios, que dejaron miles de familias afectadas y graves daños en infraestructura, expusieron la alta vulnerabilidad del país ante eventos extremos. Asimismo, evidenciaron deficiencias que aún persisten: falta de prevención, fallas de coordinación y una planificación territorial insuficiente.

Ese contexto ayuda a entender lo que ya ocurre este año. El 24 de febrero, el Gobierno declaró el estado de emergencia en 246 distritos de 14 regiones ante el peligro inminente de lluvias intensas. Tres días después, el 27 de febrero, la Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN) confirmó que El Niño Costero se extendería hasta noviembre. Según el MINSA, la temporada de lluvias ha dejado 41 fallecidos, 56 heridos y una persona desaparecida hasta el 2 de marzo.

 
 
 
 
 
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Un mar más caliente también altera la pesca

Aunque en tierra El Niño Costero se asocia a huaicos e inundaciones, sus efectos son igual de drásticos bajo el agua. La mayor parte del mar peruano es habitualmente frío y rico en nutrientes gracias al afloramiento de aguas profundas. Pero cuando la temperatura sube de forma anómala, este ecosistema se altera y obliga a las especies a desplazarse para sobrevivir.

Juan Carlos Riveros, director científico de Oceana Perú, advierte que uno de los casos más críticos es el de la anchoveta. Durante El Niño Costero, este recurso se profundiza y se desplaza hacia el sur, lo que dificulta su captura. Los juveniles, en cambio, al ser más pequeños y tener menor desarrollo físico, quedan más cerca de la superficie. Eso reduce las capturas, dificulta el trabajo con redes por los enmallamientos y termina afectando la economía de los pescadores, que necesitan más esfuerzo para obtener menos pesca.

Eso ya ocurrió en 2017. Según el ENFEN, el calentamiento del mar redujo el afloramiento costero y afectó la productividad marina frente a la costa norte y centro. La anchoveta se desplazó hacia el sur, se replegó a la costa y no presentó desove de verano, mientras ganaron presencia especies de aguas cálidas, como bonito y atunes.

En esta ocasión, el último reporte del ENFEN ya muestra señales en esa misma línea y advierte la presencia de especies indicadoras de aguas tropicales frente a la costa norte, además de especies asociadas a aguas ecuatoriales y oceánicas en el norte y centro del litoral.

Pero el impacto no se limita a las especies que pueden moverse. Mariscos, conchas, erizos, macroalgas también sufren estos cambios, porque tienen menos capacidad de adaptarse al aumento de la temperatura. A eso se suman las mareas rojas, proliferaciones de microalgas que consumen oxígeno y pueden causar mortandad de peces y mariscos, afectar zonas de acuicultura e incluso propiciar episodios de varamientos de animales muertos.

Prevenir antes del impacto

Existe el riesgo de que, cuando El Niño Costero empiece a debilitarse entre abril y mayo, se acople con el desarrollo de un Niño Global en el Pacífico Central. Si ese relevo se concreta, el mar peruano no lograría enfriarse durante el invierno y se alteraría el afloramiento de nutrientes. Eso afectaría la alimentación y reproducción de varias especies, y podría extender los impactos sobre el clima, la pesca y los ecosistemas hasta el verano de 2027.

A casi una década del desastre de 2017, el país vuelve a enfrentar una pregunta incómoda: ¿cuánto ha mejorado realmente nuestra capacidad de anticiparnos? El problema central no es solo la magnitud del fenómeno, sino una respuesta estatal que suele llegar cuando los efectos ya son inevitables. El especialista sostiene que el Perú necesita pasar de la reacción ante la emergencia a una cultura de prevención sólida y cotidiana.

Esta preparación no debe limitarse a obras físicas de última hora o decisiones de corto plazo. Una gestión de riesgos real implica proteger las cuencas altas, frenar la deforestación y conservar las riberas de los ríos. «Debemos comenzar a pensar que vivimos debajo de un volcán», advierte Riveros, señalando que la infraestructura actual muchas veces resulta insuficiente o está mal ejecutada frente a la recurrencia de inundaciones y huaicos.

Con El Niño Costero que podría mantenerse hasta noviembre, el desafío es ganar tiempo. Lo que ocurra en los próximos meses dependerá de la intensidad del clima, pero sobre todo de la capacidad del Estado para proteger a las poblaciones más expuestas. En un país donde cada evento extremo revela las mismas fragilidades, la prevención sigue siendo la gran tarea pendiente para evitar que la historia se repita.

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