enero 21, 2026
Las corrientes marinas del Perú
Las costas del Perú están marcadas por el encuentro de dos corrientes marinas que definen su biodiversidad y su economía: la fría Corriente de Humboldt, que trae aguas ricas en nutrientes desde el sur, y la Corriente Ecuatorial, que transporta aguas cálidas desde el norte.
Juntas generan un ecosistema que sostiene a miles de especies marinas y a una de las pesquerías más importantes a nivel mundial. En este ensayo se explicará brevemente en qué consisten estas corrientes marinas, cómo interactúan y por qué resultan vitales para la vida en el mar y en tierra. Sin embargo, su dinámica y continuidad también enfrentan crecientes amenazas derivadas del calentamiento global. El aumento de la temperatura del océano y la alteración de sus patrones afectan no solo la estabilidad ambiental del sistema marino, sino también la sostenibilidad de la pesca, poniendo en riesgo tanto la biodiversidad como la seguridad alimentaria del país.
La Corriente de Humboldt es uno de los fenómenos oceánicos más importantes del planeta y el motor que sostiene gran parte de la riqueza marina del país. Fue observada por primera vez en 1802 por Alexander von Humboldt durante su expedición científica en América, cuando registró que las aguas frente a las costas peruanas eran mucho más frías que las de otras zonas del Pacífico. Este enfriamiento se debe al desplazamiento de los vientos alisios, que empujan las aguas cálidas superficiales hacia el oeste y permiten la surgencia de aguas profundas frías, ricas en nutrientes. El resultado es un ecosistema marino de enorme productividad, que convierte las costas peruanas en un verdadero santuario de biodiversidad. En estas aguas se concentran cardúmenes de anchovetas, sardinas, jureles y atunes, además de calamares gigantes, tiburones, ballenas, lobos marinos y más de setenta especies emblemáticas.
A pesar de cubrir apenas el 0,1% de la superficie marina mundial, esta corriente marina aporta hasta el 15% de las capturas pesqueras globales y es responsable del 50% de la producción mundial de harina de pescado, insumo clave para la acuicultura, la avicultura y la ganadería. El impacto no se limita al mar: millones de aves, como el pingüino de Humboldt, el piquero peruano, el pelícano y la gaviota gris, dependen directamente de esta abundancia. Gracias a sus bajas temperaturas, incluso especies adaptadas a climas templados prosperan cerca de la línea ecuatorial. La Corriente de Humboldt hace de las costas peruanas no solo la zona pesquera más productiva del mundo, sino también un ecosistema único en el que la vida marina y las comunidades humanas están profundamente entrelazadas.
La Corriente Ecuatorial, que baña las costas de Piura y Tumbes, constituye un verdadero contrapunto cálido y exuberante frente al mar frío dominado por la Corriente de Humboldt. Este ecosistema alberga una biodiversidad que no se encuentra en ninguna otra parte del litoral peruano y, al mismo tiempo, cumple funciones culturales, económicas y ambientales esenciales. Sus aguas cálidas permiten la presencia de sistemas de arrecifes, únicos en el país, que sirven de refugio a peces de colores, crustáceos y moluscos propios de mares tropicales. También resguardan los manglares de Tumbes, los más extensos de la costa peruana, que funcionan como viveros naturales donde se reproducen y crecen especies de importancia pesquera, además de actuar como barreras naturales contra la erosión y como sumideros de carbono.
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La Corriente de Humboldt enfrenta un escenario de creciente vulnerabilidad ante la crisis climática. Estudios recientes han demostrado que aproximadamente un 36% de los recursos pesqueros analizados en esta región presentan una vulnerabilidad “alta” o “muy alta” frente a las proyecciones climáticas hacia mediados del siglo XXI. Entre los grupos más expuestos se encuentran las especies bentónicas —particularmente algas, gasterópodos y bivalvos—, seguidas de peces como el jurel y la caballa. El grupo demersal muestra menor riesgo, aunque no está exento de impactos. Estos resultados reflejan cómo factores de exposición —como el aumento de la temperatura, la disminución del pH, los cambios en la salinidad y de oxígeno disuelto—, combinados con atributos biológicos y poblacionales, condicionan la resiliencia de cada especie.
Uno de los efectos más notorios será la redistribución espacial de las especies, que tenderán a desplazarse hacia aguas más frías o más profundas, alterando la composición de las capturas y las dinámicas de los ecosistemas. En el caso peruano, la vulnerabilidad es particularmente crítica debido a su dependencia económica de la pesca y a la limitada capacidad de adaptación institucional y tecnológica. De hecho, se estima que el potencial máximo de captura podría disminuir entre un 20% y 50% en aguas peruanas hacia 2050 bajo escenarios de altas emisiones.
Un panorama similar se proyecta para el Pacífico Tropical peruano, donde muchas especies ya viven al límite de su tolerancia térmica y el calentamiento global reduce su capacidad reproductiva y de dispersión. Así, el cambio climático amenaza no solo la productividad marina, sino también la seguridad alimentaria y la estabilidad económica de comunidades costeras. Frente a este escenario, en Oceana hemos promovido durante más de una década la creación de un área natural protegida en esta región, conscientes de que, si bien no puede frenar los efectos del cambio climático sobre la producción pesquera, su establecimiento sí contribuye a fortalecer la resiliencia de los ecosistemas, resguardar especies vulnerables y apoyar a la pesca artesanal, ofreciendo mejores condiciones para las comunidades que dependen del mar.
Ese esfuerzo se materializó el 26 de abril de 2024, cuando el Gobierno del Perú oficializó la creación de la Reserva Nacional Mar Tropical de Grau, que abarca más de 115 mil hectáreas y comprende sectores emblemáticos como Isla Foca, Cabo Blanco–El Ñuro, Arrecifes de Punta Sal y Banco Máncora. Este hito histórico abre una oportunidad crucial para mitigar los impactos de la sobreexplotación y del cambio climático sobre nuestras corrientes marinas, siempre que se asegure una gestión efectiva y transparente que traduzca la norma en resultados reales para la biodiversidad y las comunidades costeras.
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