julio 2, 2026
El Súper Niño: ¿Qué es y qué podría significar para el Perú?
BY: Oceana
Especialistas advierten que diversas zonas del Pacífico central se están calentando rápidamente y que un poderoso fenómeno meteorológico conocido como El Niño está en desarrollo. Algunos afirman que podría intensificarse hasta convertirse en un «Súper El Niño». ¿Qué significa eso realmente y por qué debería importarte?
¿Qué es El Niño?
El Niño es un patrón climático natural que se origina en el océano. Cada ciertos años, las aguas del Pacífico central y oriental se calientan más de lo normal. Este cambio desencadena una reacción en cadena que altera el clima en todo el mundo , no solo cerca del océano. Un El Niño típico dura entre 9 y 12 meses.
En condiciones oceánicas normales, los vientos alisios soplan hacia el oeste a través del Pacífico, empujando el agua cálida hacia Asia y Australia. Esto permite que el agua más fría ascienda a lo largo de las costas occidentales de América del Norte y del Sur. Pero durante un El Niño, esos vientos alisios pueden debilitarse o incluso invertir su dirección. El agua cálida regresa hacia América, calienta el aire que la rodea y cambia la forma en que se forman las nubes y las tormentas.
El Niño también tiene su contraparte, La Niña, que trae las condiciones opuestas. Vientos alisios más fuertes de lo normal empujan el agua cálida hacia Asia, lo que provoca que el agua fría ascienda en el Pacífico oriental. Ambas fases tienen efectos en cadena que se pueden sentir a miles de kilómetros de distancia.
¿Cómo afecta al clima?
El fenómeno de El Niño no afecta a todos los lugares de la misma manera, pero sus efectos se sienten en todo el mundo:
- En el norte de Estados Unidos y Canadá, puede traer consigo condiciones más secas y cálidas.
- En la costa oeste de América, desde Canadá hasta Perú, se pueden registrar lluvias más intensas, lo que aumenta el riesgo de inundaciones y deslizamientos de tierra.
- En Australia y el sudeste asiático, las condiciones pueden volverse más cálidas y secas, lo que aumenta el riesgo de sequías, escasez de agua e incendios forestales.
Los patrones de tormentas también pueden cambiar. Los huracanes y ciclones en el Pacífico suelen intensificarse, lo que aumenta el riesgo para los países insulares. Por otro lado, en el Atlántico, la actividad de huracanes disminuye durante los años de El Niño.

¿Qué hace que un El Niño sea «súper»?
Un Súper El Niño, la forma coloquial de llamar a El Niño de magnitud extraordinaria, es un evento llevado al extremo. Ocurre cuando las temperaturas oceánicas suben mucho más allá de lo normal, lo que provoca inundaciones, sequías y tormentas más intensas y generalizadas. Los científicos también están observando cómo el cambio climático podría hacer que los eventos de Súper El Niño sean más frecuentes o más extremos . A medida que los océanos se calientan en general, pueden añadir más energía a los patrones de El Niño, lo que podría intensificar aún más los fenómenos meteorológicos extremos. Con muchas comunidades y ecosistemas ya bajo presión, comprender la predicción de un «Súper El Niño» es más importante que nunca.
¿Cómo afecta esto a la vida marina?
Cuando las aguas cálidas se extienden por el Pacífico oriental, bloquean el agua fría y rica en nutrientes que normalmente asciende desde las profundidades oceánicas a lo largo de las costas de América. Esta agua fría es la base de las cadenas alimentarias oceánicas. Sin ella, organismos diminutos como el plancton tienen dificultades para sobrevivir. Dado que el plancton sirve de alimento a los peces pequeños, y estos a los animales más grandes, los efectos se propagan a lo largo de toda la cadena alimentaria. Sin suficientes peces, animales como lobos marinos, aves marinas y delfines deben recorrer distancias mucho mayores para encontrar alimento o corren el riesgo de pasar hambre.
¿Qué repercusiones tiene en la pesca?
La mayor parte del mar peruano es habitualmente frío y rico en nutrientes gracias al afloramiento de aguas profundas. Pero cuando la temperatura sube de forma anómala, este ecosistema se altera y obliga a las especies a desplazarse para sobrevivir.
Es por ello que preocupa el impacto en la pesca y el aumento de los precios de los productos hidrobiológicos, ya que algunas especies podrían desplazarse por el aumento de la temperatura del mar. Juan Carlos Riveros, director científico de Oceana Perú, advierte que uno de los casos más críticos es el de la anchoveta. Durante El Niño, este recurso se profundiza y se desplaza hacia el sur, lo que dificulta su captura. Y los juveniles, al ser más pequeños y tener menor desarrollo físico, quedan más cerca de la superficie. Eso reduce las capturas y dificulta el trabajo por los enmallamientos.
El panorama para la pesca artesanal también tiene sus matices: los cierres de puertos por oleajes anómalos afectan la continuidad del trabajo, lo que, a su vez, eleva el precio de los recursos hidrobiológicos y reduce la disponibilidad de especies como el pejerrey. En contraste, El Niño también trae abundancia de especies de alto valor como el atún, el perico y el bonito, así como varias especies tropicales, los como langostinos. Para los pescadores artesanales, esto representa una oportunidad de diversificación.
El impacto de El Niño no se limita a las especies que pueden moverse. Mariscos, conchas, erizos, macroalgas también sufren estos cambios, porque tienen menos capacidad de adaptarse al aumento de la temperatura. A eso se suman las mareas rojas, proliferaciones de microalgas que consumen oxígeno y pueden causar mortandad de peces y mariscos, afectar zonas de acuicultura e incluso propiciar episodios de varamientos de animales muertos.
La responsabilidad del Gobierno
Tras solo algunos meses de padecer las consecuencias devastadoras del Niño Costero 2026, el país vuelve a enfrentarse a la misma pregunta incómoda: ¿Cuánto ha mejorado realmente nuestra capacidad de anticiparnos? El problema central no es solo la magnitud del fenómeno, sino una respuesta estatal que suele llegar cuando los efectos ya son inevitables. Juan Carlos Riveros sostiene que el Perú necesita pasar de la reacción ante la emergencia a una cultura de prevención sólida y cotidiana.
Esta preparación no debe limitarse a obras físicas de última hora o decisiones de corto plazo. Una gestión de riesgos real implica proteger las cuencas altas, frenar la deforestación y conservar las riberas de los ríos. «Debemos comenzar a pensar que vivimos debajo de un volcán», advierte Riveros, señalando que la infraestructura actual muchas veces resulta insuficiente o está mal ejecutada frente a la recurrencia de inundaciones y huaicos.